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martes, septiembre 06, 2005

La conducta de "no hacer" y las interpretaciones de la conducta

En realidad cuando hablamos de comportamiento deberíamos pensar en relación a actos funcionales no a movimientos, sonidos, etc que la persona "hace".

Me explico:

comportarse implica tanto "hacer" como "no hacer". Cuando extinguimos ciertas conductas de nuestros hijos al no reforzarlas, el "no hacer nada" es una conducta que nos puede llevar a disminuir o erradicar esa conducta indeseada del niño.

¿Es esto importante en el mundo del autismo? Claro que sí. Es de hecho tremendamente importante aprender a evitar o a extinguir conductas, y todos aquellos que seguís programas conductuales lo sabéis. De hecho mediante este tipo de prácticas sabemos que se puede lograr más que mediante el castigo. También por supuesto es importante que el niño aprenda al respecto (las técnicas de autocontrol implican por ejemplo muchos "no hacer").

En cuanto a “no hacer” como comportamiento negativo, el término no es correcto porque se presta a malinterpretaciones y además existen otros términos como evitación, extinción, prevención de respuesta, conductas de autocontrol, etc., para denotar una falta de acción discernible. Igualmente, conductas como pensar, memorizar, etc., no tendría mucho sentido calificarlas como “comportamiento negativo” a pesar de que no representan movimiento discriminable. El problema es al menos doble: 1. Viene de clasificar a estas conductas como “cognitivas”, cuando no dejan de ser conductas y no “otra cosa”. 2. La inadecuada fijación en la forma que toma la conducta y no su función (y aquí sin estudiar qué función cumplen las conductas, se llega a los errores basados en la forma o topografía que las caracteriza).

Con respecto a las múltiples interpretaciones y con respecto al autismo, aclaro aquí mi opinión:

En principio parecería que si se obtienen resultados positivos, el que se dé una interpretación u otra de lo que sucede o por qué ocurre determinado avance en el niño, no debiera de importarnos.

Sin embargo esto tiene varias problemáticas. Una es que podemos estar simplemente equivocados en nuestra interpretación y a la hora de generalizar nuestros procedimientos a otras conductas, pudiera ser que no obtengamos los resultados anteriores. Si no conocemos con la mayor exactitud posible qué está ocurriendo, cómo y por qué ocurre, tenemos grandes posibilidades de que aunque haya sonado la flauta por casualidad, no vuelva a sonar.

Lo curioso es que un éxito, pequeño o grande, ante un cúmulo de fracasos no hace que paremos en nuestros pareceres y prácticas. Los que siguen en mayor grado los programas conductuales conocen el gran poder de los programas de refuerzo variable, y este caso podría ser uno de ellos.

Por otro lado, no es posible por ejemplo que una explicación cognitiva del autismo sea compatible con una conductual por el simple hecho de estar y moverse en ámbitos diametralmente opuestos, ya sea que tenga razón uno u otro. No comparto por mi parte un modelo cognitivo-conductual por ser por definición redundante y por la antedicha incompatibilidad (entiendo que este no es el foro para estas disquisiciones y que para las partes más filosóficas, al menos, las más profundas, es preferible remitirnos a la lista de análisis de conducta).

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